Alternativas al control de los alquileres

El control de los alquileres como medida de política económica ha sido utilizado en numerosos países europeos después de la Segunda Guerra Mundial, no sólo con objetivos propios de la política de vivienda, sino sobretodo para la consecución de objetivos más generales como la mejor distribución de la renta, la estabilidad de los precios y la mejora del consumo privado de otros bienes. Aunque la instrumentalización concreta del sistema de control de los alquileres ha variado de un país a otro, sus efectos han sido similares: reducción de la oferta de viviendas para alquilar, ausencia de obras de conservación y mejora, ineficiencia en la distribución de la renta y reducción de la movilidad de las familias en el mercado residencial y del trabajo.

Por estos motivos, la disconformidad en el control de alquileres como medida de política de vivienda no viene motivada por el objetivo, sino por sus consecuencias. Sus efectos negativos llevaron a la mayoría de países, en los años sesenta, a eliminar gradualmente los controles sobre los alquileres y a dejar funcionar los mercados, al mismo tiempo que se establecían tanto medidas de subsidiación para las familias cuyos ingresos no les permitían pagar una renta de mercado como de incentivos para la construcción de viviendas nuevas de alquiler moderado, público y privado.

Estas alternativas a la intervención pública se han demostrado eficaces para atender las necesidades de alojamiento de las familias con ingresos bajos y/o en situaciones de precariedad.

En nuestro caso, el control de alquileres fue más estricto y duró para que en los países europeos, lo que conllevó una auténtica congelación de los precios, contratos indefinidos y subrogaciones de hasta dos generaciones. No fue hasta 1985 que comenzó un proceso de liberación que culminó con la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) de 1994. Bien es cierto que el mercado del alquiler se ha ido normalizando, las consecuencias del control de alquileres ha sido la reducción del parque de viviendas de alquiler en la ciudad de Barcelona de las 300.000 unidades de 160 a las 200.000 de 2011, una mayoría abrumadora de la vivienda en propiedad y un parque de alquiler viejo y mal mantenido.

 

Fuente: Revista Cambra de la Propietat Urbana de Barcelona – Diciembre 2016

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